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Corrida de Independencia- San Miguel de Allende 2026

Adrián García Casarrubias

13 sep 2026

La lluvia llegó, el publico se quedó y los toreros se brindaron.

San Miguel de Allende, 12 de septiembre de 2026.

A las cinco de la tarde todavía no caía una gota. La Plaza Oriente estaba ocupada casi al noventa por ciento y el paseíllo comenzó puntual, sobre una lona que recordaba a Ignacio Allende y el inicio de la Independencia. Tres matadores mexicanos, toros guanajuatenses y una ciudad con motivos propios para celebrar.


Los seis toros eran de Begoña, ganadería de Doctor Mora, Guanajuato, fundada en 1955 y transformada por Alberto Baillères desde 1970. Faltaba saber qué permitiría el cielo.

El sorteo se había realizado a la una de la tarde y hasta los nombres venían vestidos para la ocasión: “Trigarante”, “México Taurino”, “Viva México”, “Guanajuatense”, “Patriota” y “Caudillo”.

La lluvia llegó con el primero. Llegó en serio.


Luis David Adame, de Aguascalientes, comparecía con experiencia en plazas mexicanas y españolas, incluida una actuación en Madrid en agosto. Vestido de morado y negro, recibió a “Trigarante”, de 460 kilos, justo cuando el aguacero comenzó a cambiar las prioridades del público. Había que mirar al toro y encontrar cómo cubrirse al mismo tiempo.

Luis David colocó las banderillas con solvencia como lo obliga su herencia familiar y ligó pases sin reservarse por la lluvia. La banda tocó “La feria de San Marcos” y la música de su tierra puso una nota de alegría entre tanta agua. Fue eficaz con la espada y cortó una oreja. En las gradas, algunos todavía estaban más ocupados en acomodarse el impermeable que en aplaudir.

Héctor Gutiérrez, también de Aguascalientes, llegaba con el impulso de haber ganado recientemente la Copa Chenel, certamen celebrado en Madrid. De verde y oro, encontró una arena ya mojada frente a “México Taurino”, de 472 kilos. Sus subalternos respondieron con las banderillas y él construyó una faena fluida, con tandas largas y ese porte espigado clásico que permite disfrutar la corrida.

Recibió una oreja. La gente pidió repetidamente la segunda, pero el juez la negó y señaló desde el palco que la colocación de la espada no era correcta. La escena recordó la segunda oreja que también le habían negado en la corrida de Alborada del año anterior, pese a la petición popular. Gutiérrez dio la vuelta sonriendo, entre aplausos del público de pie.

Para el turno de Isaac Fonseca, michoacano y ganador de la Copa Chenel en 2023, el ruedo ya era un lodazal. Vestía de rosa y oro. Frente a “Viva México”, de 471 kilos, la lluvia pareció darle un impulso adicional. La gente permanecía en su sitio y él respondió con una faena intensa, especialmente emocionante cerca de las tablas.

Ligó series largas con una sensación de peligro que no daba descanso. Mató con eficacia. El juez concedió una oreja y, ante la insistencia del público, terminó otorgando la segunda.


Entre el tercero y el cuarto dejó de llover por un rato. El personal de la plaza y los monosabios aprovecharon para mejorar el terreno. Su trabajo merecía atención: también de esas manos dependía que los toreros pudieran continuar.


“Guanajuatense”, de 490 kilos, fue el segundo de Luis David. La actuación del picador resultó poco cuidadosa, con heridas en varios puntos. Después, el lodo obligó a los subalternos a resolver las banderillas apresuradamente, con dos pares sin lucimiento. Al tirarse a matar, la espada parecía bien colocada, pero el toro tardó en caer. Finalmente dobló sin necesidad de descabello. La espera había enfriado la emoción. Luis David dio la vuelta entre palmas, visiblemente contrariado.


El quinto, “Patriota”, de 487 kilos, salió bien presentado y acudió al picador casi sin invitación. Gutiérrez volvió a ligar tandas largas y a mostrar su elegancia. Hacia el final llegó el golpe: el toro lo levantó por los aires y la cuadrilla acudió a auxiliarlo.

Héctor continuó. Mató con eficacia, recibió otra oreja y dio la vuelta antes de llegar a la enfermería por propio pie. No había un parte oficial disponible al cierre de estas notas; el médico de plaza señaló que existía una herida, aparentemente sin gravedad. Quedaba pendiente conocer su alcance.


El último fue “Caudillo”, de 488 kilos, el mejor toro de la tarde: tamaño, bravura y agilidad para sostener la emoción. Fonseca lo aprovechó con tandas largas y enérgicas que arrancaron el grito de “¡Torero, torero!”. En un ademán de emoción desbordada, soltó la muleta y pasó un susto sin consecuencias. La estocada fue fulminante. Al caer el toro, él, su cuadrilla y el público estallaron en un grito.

Dos orejas más. Cuatro en total y salida a hombros. Gutiérrez terminó con dos y Luis David con una.


Pero la tarde dejó algo más que ese reparto. Quedaron los matadores entregándose sobre el lodo, el personal trabajando en la arena y los impermeables multicolores ocupando las gradas.

El público tenía motivos para irse. Se quedó. Los toreros tuvieron dificultades para lucir. Insistieron.

La lluvia será lo primero que se mencione cuando alguien recuerde esta corrida. Después vendrá lo importante: lo que unos y otros hicieron para que valiera la pena quedarse.


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